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Venue details

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Palau de la Música Catalana , C/ Palau de la Música 4-6, 08003 Barcelona, Spain

Full Production Cast & Crew

Cast & Crew

Stage director
Lighting designer
Set designer
Choreographer
Translator
~
Orchestra
Orquestra Simfònica del Vallès
Chorus
Cor Amics de l'Òpera de Sabadell
~
Tamino
Königin der Nacht (The Queen of the Night)
Monostatos (Monostastos)
Sprecher (Speaker)
Erster Priester (First priest)
Zweiter Priester (Second priest)
Erste Dame (First lady)
Zweite Dame (Second lady)
Dritte Dame (Third lady)
Erster Geharnischter (First armored man)
Zweiter Geharnischter (Second armored man)
Erster Knabe (First spirit)
Zweiter Knabe (Second spirit)
Dritter Knabe (Third spirit)

About the work

“La flauta mágica: una ópera atípica” En la época de Mozart las óperas eran, en su práctica totalidad, encargos de los monarcas o de la alta nobleza, sobre todo en el ámbito germánico, donde los gobernantes solían ser grandes aficionados a la música en general y a la ópera en particular. Los Habsburgo, que gobernaban en la Viena donde Mozart residía y trabajaba, sin ir más lejos, fueron grandes mecenas de ópera. Más adelante, ya entrado el siglo XIX, este esquema cambiaría y los que encargarían óperas nuevas serían empresarios que dirigían teatros. Fue el caso de Rossini y también de Verdi, por ejemplo, pero no el de Mozart, con una brillante excepción: La flauta mágica, la última de sus óperas. Este fue un trabajo emprendido a medias entre Mozart y su antiguo amigo Emanuel Schikaneder, empresario teatral, actor, cantante y más cosas. Ninguno de los dos pasaba por un buen momento económico (en el caso del compositor, los problemas de dinero eran crónicos) y decidieron crear una ópera para ser representada en el teatro donde Schikaneder tenía la sede de su compañía, el Theater auf der Wieden, situado en los suburbios de la ciudad. Mozart se encargaba de la música y Schikaneder, del libreto. Los dos eran “hermanos” masones y en esta ópera, La flauta mágica, vertieron una generosa dosis de simbolismo masónico. La ópera se estrenó el 30 de septiembre de 1791, con éxito. Recuerdo en la película Amadeus la escena del estreno de La flauta, donde se mostraba un público de más bien baja estofa. El 6 de ese mismo mes, Mozart había estrenado en Praga La clemenza di Tito, ópera “seria” fruto de un encargo oficial, interrumpiendo su trabajo en la otra ópera debido a la buena remuneración que acompañaba a esta. En noviembre de 1792, La flauta mágica llegó a las cien representaciones, pero Mozart no pudo disfrutar de ello, puesto que había fallecido el 5 de diciembre de 1791, solo sesenta y seis días después del estreno. La flauta mágica (Die Zauberflöte en su original en alemán) se ha convertido, más de dos siglos después de su creación, en la ópera más popular y representada de Mozart y una de las más producidas en todo el mundo. A pesar de los diálogos hablados que a veces lastran un poco el ritmo teatral, La flauta ofrece bellas melodías y decoraciones y un vestuario repletos de magia, dado su planteamiento de cuento de hadas a pesar del profundo simbolismo que esconde. Jordi Torrents
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